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El 96% que sostiene el café colombiano
Me levanto y lo primero que pienso es si ya estará el café hecho para tomármelo. A veces me gusta molerlo para que la cocina huela a café. Y ahí arranca mi día lleno de café. El café no es solo una bebida para levantarme, concentrarme, bajar el almuerzo. Es un momento a solas con mis pensamientos. Y, cada vez más, un momento para compartir.
En Colombia, más de 549.000 familias producen café. El 96% son pequeños productores y sacan el 60% de la cosecha nacional.
Para los colombianos el café es orgullo, es historia, es trabajo, es sustento. El primero de octubre fue el Día Internacional del Café, y ahí me puse a pensar no solo en el café como mi bebida favorita, sino en entender el negocio que hay detrás de este grano. En Colombia existen, según datos de la UPRA de 2024, más de 549.000 familias productoras de café. De estas familias, el 96% son pequeños productores con menos de cinco hectáreas, y son responsables del 60% de la producción nacional.
El café se pacta en dólares: cuando una familia vende sus sacos de café, el precio que recibe se calcula a partir de lo que vale el café en la Bolsa de Nueva York. Y ese valor se convierte a pesos con la tasa de cambio del día. Por eso, aunque el café valga exactamente lo mismo en dólares, el caficultor puede recibir menos plata si el dólar baja o más plata si el dólar sube. La pregunta es: ¿estas familias saben cubrirse del dólar? ¿Tienen con qué?
Este negocio, al ser un commodity, vive de la oferta y la demanda, pero no la nacional: la del mundo. Sube con la escasez. Baja con la abundancia. En 2025 los precios que se transaron en bolsa fueron históricos, pero en agosto de 2026 el dólar promedió su nivel más bajo desde marzo de 2019, mientras el precio interno cayó 17,9% frente a un año atrás, aunque en dólares el café valía más. Y por la oferta viene más presión: Brasil, el mayor productor del mundo, estima una cosecha récord, 19,6% más que en 2025.
La Federación Nacional de Cafeteros ofrece a ese 96% de caficultores, a través de las cooperativas, alternativas para fijar el precio de su café, como la venta con precio piso. Las coberturas no sirven para ganar más; sirven para saber con cuánto cuentas. A veces renuncias a la bonanza. A cambio, duermes tranquilo. Lo que la Federación no puede hacer por las familias es garantizar la calidad del producto.
Este mensaje es para todos: caficultores, productores de aguacate, de flores, entre otros. No controlamos el dólar. No controlamos la lluvia en Brasil. Controlamos nuestra calidad. Controlamos aprender a cubrirnos. Controlamos sentarnos donde se decide: agremiaciones, juntas directivas, comités regionales, cámaras. En las elecciones cafeteras de septiembre, más de 5.000 mujeres se postularon a los comités: esto es tan solo el 29% de los candidatos. Ningún negocio es un caso aislado. Si haces parte de una economía, apréndela. Y sé parte de la solución: mejor calidad, más creatividad, más productividad, más innovación. Lo que no controlamos pesa menos cuando hacemos bien lo que sí. Al 96% de los caficultores: “nuestras gaviotas por siempre”, nuestro orgullo. Nunca pierdan la calidad. Es lo único que no se fija en bolsa.